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JUL
09
2026
Opinión
Comunicar nos hace humanos. La comunicación no es lineal, sino una red fascinante a través del tiempo
AUTOR: WINSTON MANRIQUE SABOGAL
Entrevista con el experto Carlos Alberto Scolari, autor del libro Homo mediaticus. Una historia de la humanidad: del ‘hashtag’ neandertal al iPod. Un relato sobre 25 fósiles mediáticos convertidos en ventanas que ayudan a comprender de dónde venimos. El experto analiza el presente de las redes de comunicación en el mundo dual, analógico y digital.
Un cuadrado de veinte centímetros grabado en la roca de una cueva conecta cuarenta mil años de historia de la comunicación.
Es un mensaje que los neandertales le dejaron al Homo sapiens de hoy. La especie humana que desapareció en favor de la nuestra talló sobre la pared de la cueva de Gorham, en Gibraltar, trece líneas cruzadas que forman un patrón similar al símbolo del hashtag: #.
¿El pasado se adelanta al presente y al futuro? ¿O el presente copia al pasado?
La evolución de la humanidad no es una línea recta, sino una red donde el tiempo es uno solo tejida por la necesidad innata de comunicación, socialización y conexión del ser humano convertida en uno de los grandes motores del desarrollo.
Ese ‘hashtag’ neandertal es el primer fósil mediático, según Carlos Alberto Scolari, especialista en medios digitales y lenguaje y profesor de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona. Toda una vida dedicada a comprender la evolución mediática y cultural de la comunicación cuyo trabajo ha plasmado en el libro Homo mediaticus. Una historia de la humanidad: del ‘hashtag’ neandertal al iPod (Ariel).
Los fósiles mediáticos
¿Y qué es un fósil mediático? “Es un viejo dispositivo o soporte de la comunicación que, si bien ya no se utiliza, fue usado con provecho por nuestros antepasados”, explica Scolari. Lo hace en esta videoentrevista por Zoom desde Barcelon, a través de un ordenador que, precisamente, un día será un fósil mediático.
Ese es el universo que el experto argentino ha explorado y condensa en veinticinco capítulos protagonizados por sendas piezas de todas las épocas. Con ellas crea un mosaico de la historia del lenguaje y sus múltiples formas, en el que los medios dialogan, se superponen y perduran.
Se trata de un viaje a través de elementos como La cueva de las manos, el Vaso de Caylus, el Quipu, el Códice Maya, la enciclopedia de Diderot, el daguerrotipo, el fax, el walkman o el iPod. Cada una de esas piezas tiene su propia biografía; cada una retrata a la humanidad de su época y abre una ventana para comprender de dónde venimos. Recuerdan que el lenguaje es lo que distingue al ser humano de otras especies y que son sus sistemas de comunicación los que lo han hecho avanzar hasta hoy.
Porque, afirma Scolari, si se puede contar la vida en la Tierra a través de sus fósiles arqueológicos, “¿por qué no relatar la evolución del Homo sapiens a partir de sus tecnologías? ¿Y por qué no narrar la historia de la humanidad desde sus medios de comunicación?”.
Y estas piezas tecnológicas, a diferencia de lo que la gente cree, no desaparecen, son como la materia: se transforman. Carlos Alberto Scolari explica que estamos acostumbrados a que nos digan que la historia de la comunicación sigue un solo curso temporal y él propone otra perspectiva:
“Estaban las tablillas de arcilla, después vino el papiro, después vino el pergamino, después vino Gutenberg, después vino la prensa, el telégrafo, la fotografía, el cine, la radio, la televisión, internet.
Te dicen que llegó la televisión, pero no te dicen qué pasó con la radio. O te dicen: ‘Llegó la música digital’. Pero, ¿y qué pasó con los viejos soportes musicales? O llegó la imprenta, ¿qué pasó con los que copiaban libros en el siglo XV o durante todo el medievo? A mí me gusta pensar la evolución de todo el ecosistema mediático como una gran red. No como una línea de tiempo”.
La historia de los medios también puede leerse no como una sucesión de inventos, sino como una conversación que atraviesa los siglos.
La comunicación es una red
La mirada Scolari se aproxima a la de algunos artistas que consideran que en las artes no hay una evolución como tal, ni que cada nueva obra o autor es mejor que el anterior, porque eso significaría que, por ejemplo, un poeta de hoy es mejor que Shakespeare. Ellos conciben las artes como una dimensión donde el tiempo no existe y todas las creaciones conviven y dialogan a la vez, se enriquecen y aprenden unas de otras. Es así como cada arte solo es reflejo de su época.
La idea de Homo mediaticus, explica Scolari, “es justamente conectar cosas. Cuando uno investiga la historia de los medios ve ciertas jugadas o jugarretas, diríamos, de Thomas Alva Edison, muy comerciales, y cómo, un siglo después, Bill Gates hace exactamente lo mismo. Entonces, uno empieza a atar cabos y, en vez de obtener una sola dirección, obtiene una gran telaraña que cambia y se desarrolla a través de los años”.
Es un enfoque muy contemporáneo donde la transversalidad es clave. Este ensayo invita a hacer conexiones entre el pasado y el presente. La etapa histórica más parecida a la actual en cuanto a la cascada de inventos, su capacidad de sorprender y de modificar e incorporar hábitos y cambios paradigmáticos es la de finales del siglo XIX, la de la primera Revolución industrial, asegura Scolari:
“El momento más interesante, más rico, es ya avanzado el siglo XIX. Porque en 1837 tenemos el telégrafo, en 1840 la fotografía, en 1870 el kinetoscopio, este dispositivo que había creado Edison para ver películas de modo individual; también tenemos los cilindros de Edison para grabar música. Tenemos la primera proyección cinematográfica, en 1895.
Ya para ese momento, entre 1870 y 1880, las líneas telegráficas llegaban a Australia y Nueva Zelanda. El Imperio británico había cableado todo el planeta. El telégrafo llegaba a todas partes. Era increíble. Todo esto a finales del siglo XIX estaba totalmente consolidado y funcionando”.
Es cuando entra en juego un actor esencial que dará el salto a lo colectivo: los medios de comunicación impresos experimentan un gran desarrollo. Hay un enfrentamiento entre los imperios periodísticos de Hearst y Pulitzer. Es ahí, insiste el experto, “en la segunda mitad del siglo XIX cuando hubo una proliferación de nuevas formas de comunicación parecida a la que estamos viendo hoy”.
Otro momento crucial es el período de entre guerras, de 1920 a 1939: las salas de cine conquistan al mundo, la radio se populariza, la música se diversifica y llega a las casas y a las oficinas. La televisión nace, pero se perfecciona y se populariza tras la Segunda Guerra Mundial, al igual que el teléfono. Es la víspera del futuro.
¿Llegó la era de la oralidad?
Hoy, la humanidad está en un punto en el que las diferentes formas de lenguaje y de comunicación se amplían con nuevas tecnologías individuales y colectivas. Empieza con la popularización de internet, tras la creación de la World Wide Web, en 1989, que impulsa el mundo dual, analógico y digital, acelera su velocidad y cambia el modo de adquirir y divulgar conocimiento y ocio y de relacionarse y comunicarse la gente.
Tal es la capacidad transformadora del mundo dual que hay expertos y filósofos que hablan de que la era de Gutenberg vive su ocaso y asistimos al nacimiento de la era de lo oral, a partir de lo audiovisual y de las metamorfosis comunicativas. Un debate muy interesante y de resultado impredecible para Carlos Alberto Scolari:
“Walter Ong, que era un discípulo de Marshall McLuhan, habla de una oralidad secundaria. Decía: ‘Una cosa era la oralidad hace seis, siete, ocho o diez mil años, cuando la gente hablaba, pero no venía de una cultura en la que existía la escritura, y otra muy diferente es esta oralidad de hoy”.
Y el experto cita como ejemplo este mismo instante de la videoentrevista:
“Porque este discurso, esta entrevista que nosotros estamos haciendo, yo la pienso en términos de escritura y para ello modelo un discurso y frases como si la estuviera escribiendo con la boca. Los dos lo hacemos. Esto es lo que Walter Ong llama una oralidad secundaria, ahora es una oralidad posescritura”.
Entonces, ¿Qué está pasando?, se pregunta el experto, y se responde:
“Tenemos un avance de los discursos audiovisuales. Quizás hoy es la escritura la que está siendo modificada por todas estas nuevas oralidades y visualizaciones. Algunos hablan de una oralidad digital, que sería todo este magma comunicacional que tenemos hoy.
Después de cinco siglos terminó la galaxia Gutenberg, como decía McLuhan. ¿Y empieza la galaxia Turing, marcada por la computación y por la inteligencia artificial? Es muy prematuro decirlo”.
El experto es cauteloso y respalda su opinión en que aún vivimos rodeados de libros. Nunca se habían publicado tantos: en Reino Unido más de 153.000 al año, en Italia cerca de 140.000 al año, y en España casi 96.000 al año.
Sin olvidar que el último informe de la Federación de Gremios de Editores de España revela que los menores de 24 años son la franja de edad que más lee: 78 %. Los jóvenes parecen encontrar en esas obras una especie de oasis frente a un mundo de pantallas y sobreestímulos digitales.
Así es que, insiste Scolari: “Dar por acabada la galaxia Gutenberg o dar por acabada la cultura escrita, me parece prematuro. No creo que se esté dando ese proceso. Lo que hay es una convivencia de diferentes sistemas de comunicación en tensión y cada uno va remodelando al otro”.
El segundo uno de la IA
Y es aquí cuando aparece el penúltimo gran protagonista de esta historia: la inteligencia artificial. Una tecnología que apenas vive el primer segundo de su existencia y que está modificando la manera en que escribimos, pensamos y nos comunicamos, explica el experto:
“Nosotros hoy escribimos diferente a partir de nuestras interacciones con el ChatGPT, Gemini y todos estos sistemas. Y vamos a escribir de forma diferente. Es muy interesante ver cómo en el siglo XIX cambió la mirada por culpa de la fotografía. Si tú vas a un museo con cuadros del siglo XIX y del siglo XX es clarísimo determinar cuáles fueron pintados antes o después de la fotografía. Por la forma de encuadre, por la forma de ver del pintor, uno se da cuenta cuáles eran de finales del XIX, porque incorporaban miradas fotográficas. Y ahí te das cuenta del modo en que un medio había transformado la mirada de los pintores en ese caso. Ahora tenemos tantos medios y formas de comunicación que estos procesos se complejizan”.
En medio de todos estos cambios, el mundo vive la transición de la Cuarta Revolución, la de la digitalización, la robótica y la IA, hacia la Quinta Revolución, que busca conciliar y equilibrar lo tecnológico para devolver al ser humano al centro del avance y la sostenibilidad. Para lograrlo busca impregnar esta época del llamado tecnohumanismo.
Todos son ecos del hashtag neandertal legado por la especie humana que no sobrevivió; un símbolo del que no se sabe qué significaba entonces, solo se sabe que era una forma de comunicación. Hoy puede interpretarse poéticamente como un mensaje misterioso dejado a su pariente Homo sapiens del futuro.
En la Roma antigua ya lo usaban sin conocer la existencia de la cueva de Gorham, como abreviatura de peso en libras. Sus significados han variado con los siglos, el más universal fue el de numeral, hasta incorporarse en el mundo digital como símbolo de unificación o etiqueta de temas o conversaciones.
Y ahí sigue, con múltiples nombres, porque el lenguaje, como los medios y la comunicación, nunca desaparece: solo se transforma.
Winston Manrique Sabogal es director-fundador de WMagazín, colaborador del diario español El País, donde trabajó 19 años, y autor del libro La gran transformación. La belleza, el amor, el sexo y la felicidad en el siglo XXI (Galaxia Gutenberg).


